Balada de lo que no vuelve.-




Venía hacia mí por la sonrisa

Por el camino de su gracia

Y cambiaba las horas del día

El cielo de la noche se convertía

en el cielo del amanecer

El mar era un árbol frondoso lleno de pájaros

Las flores daban campanadas de alegría

Y mi corazón se ponía a perfumar enloquecido



Van andando los días a lo largo del año

¿En dónde estás?

Me crece la mirada

Se me alargan las manos

En vano la soledad abre sus puertas

Y el silencio se llena de tus pasos de antaño

Me crece el corazón

Se me alargan los ojos

Y quisiera pedir otros ojos

Para ponerlos allí donde terminan los míos

¿En dónde estás ahora?

¿Qué sitio del mundo se está haciendo tibio con tu presencia?



Me crece el corazón como una esponja

O como esos corales que van a formar islas

Es inútil mirar los astros

O interrogar las piedras encanecidas

Es inútil mirar ese árbol que te dijo adiós el último

Y te saludará el primero a tu regreso

Eres sustancia de lejanía

Y no hay remedio

Andan los días en tu busca

A qué seguir por todas partes la huella de sus pasos

El tiempo canta dulcemente

Mientras la herida cierra los párpados para dormirse

Me crece el corazón

Hasta romper sus horizontes

Hasta saltar por encima de los ábroles

Y estrellarse en el suelo

La noche sabe qué corazón tiene más amargura



Sigo las flores y me pierdo en el tiempo

De soledad en soledad

Sigo las olas y me pierdo en la noche

De soledad en soledad

Tú has escondido la luz en alguna parte

¿En dónde? ¿En dónde?

Andan los días en tu busca

Los días llagados coronados de espinas

Se caen se levantan

Y van goteando sangre

Te buscan los caminos de la tierra

De soledad en soledad

Me crece terriblemente el corazón

Nada vuelve



Todo es otra cosa

Nada vuelve nada vuelve

Se van las flores y las hierbas

El perfume apenas llega

como una campana de otra provincia

Vienen otras miradas y otras voces

Viene otra agua en el río

Vienen otras ojas de repente en el bosque

Todo es otra cosa

Nada vuelve

Se fueron los caminos

Se fueron los minutos y las horas

Se alejó el río para siempre

Como los cometas que tanto admiramos

Desbordará mi corazón sobre la tierra

Y el universo será mi corazón.

Vicente García Huidobro




Vicente García-Huidobro nació el 10 de enero de 1893, en Santiago. Hijo de Vicente García-Huidobro y María Luisa Fernández Bascuñán, sus padres pertenecieron a familias de la aristocracia colonial. Su madre fue una figura destacada del feminismo en Chile y concentraba en sus salones relevantes figuras del quehacer cultural nacional. Todo esto constituyó un aspecto importante en su formación como escritor.



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